Inspiración Anillo Sol y Luna

Este anillo se inspira y rinde homenaje a la relación sagrada entre el Sol y la Luna en la cosmovisión inca, una de las bases simbólicas y espirituales del mundo andino. Para los incas, los astros no eran simples cuerpos celestes, sino entidades divinas que regían el orden del universo, el tiempo y la vida de los seres humanos.
En la mitología inca, Mama Quilla —cuyo nombre significa “Madre Luna”— era una de las divinidades más importantes del panteón. No solo era considerada hermana de Inti, el Dios Sol, sino también su esposa, formando junto a él un principio dual fundamental. Mientras Inti representaba la luz, el calor y la energía vital que hacía posible la agricultura y la prosperidad del imperio, Mama Quilla encarnaba los ciclos del tiempo, el calendario, la fertilidad y la protección de las mujeres. Su influencia se asociaba directamente con las fases lunares, que regulaban festividades, rituales y la medición del tiempo.
De la unión de Inti y Mama Quilla nacieron Manco Cápac y Mama Ocllo, figuras míticas reconocidas como los fundadores de la civilización inca. Ambos fueron enviados al mundo de los hombres con la misión de civilizar a los pueblos, enseñarles las normas sociales, el cultivo de la tierra y las prácticas espirituales, estableciendo así el origen del Imperio.
Esta leyenda fue recogida y difundida por el cronista mestizo Inca Garcilaso de la Vega, una de las principales fuentes históricas para el conocimiento de la tradición oral inca tras la conquista. Según su relato, Manco Cápac y Mama Ocllo emergieron de las aguas del sagrado Lago Titicaca, lugar considerado origen del mundo y espacio de gran carga simbólica dentro del pensamiento andino. Desde allí emprendieron su camino hacia la tierra de los hombres, donde fueron reconocidos como seres divinos.
Portaban consigo un cetro de oro, símbolo del poder solar, y recibieron la instrucción de fundar el imperio en el lugar donde dicho cetro se hundiera fácilmente en la tierra. Tras un largo recorrido, el emplazamiento elegido fue la colina de Huanacauri, en el valle del Cuzco, marcando así el nacimiento del centro político, espiritual y simbólico del mundo inca.
El anillo Sol y Luna recoge esta narrativa ancestral y la traduce en una joya contemporánea que celebra la dualidad, el equilibrio y la complementariedad: luz y oscuridad, día y noche, lo masculino y lo femenino, lo celestial y lo terrenal. Una pieza que no solo remite a una leyenda fundacional, sino que evoca una forma de entender el universo basada en la armonía entre fuerzas opuestas y en la continuidad de los ciclos naturales.