joyas sin género

¿Quién decidió que las joyas eran cosa de mujeres?

Hay algo muy curioso en la forma que tenemos de entender la joyería. Un collar de perlas suele parecernos femenino, mientras que una cadena gruesa de plata nos resulta más masculina. Sin embargo, estas asociaciones no han existido siempre. 

Durante siglos, hombres y mujeres utilizaron joyas para expresar su estatus social, su identidad, sus creencias o, simplemente, su gusto por la belleza. Es decir, las diferencias no dependían exclusivamente del género.

 

La joyería masculina en las cortes europeas

Basta con observar algunos de los retratos de los reyes europeos para descubrir hasta qué punto ha cambiado nuestra percepción. En los retratos de Enrique VIII de Inglaterra, encontramos cadenas de oro, anillos, piedras preciosas y prendas muy ornamentadas.

Aquellos adornos no cuestionaban su masculinidad, sino que contribuían a proyectar una imagen de autoridad, riqueza y poder.

Algo parecido sucede con Carlos I de Inglaterra, que aparece en algunos retratos con un pendiente de perla. Posiblemente, hoy en día sería un detalle que nos llamaría la atención. Pero en su contexto formaba parte de un lenguaje visual aristocrático muy distinto al nuestro.

Las perlas, que en la actualidad asociamos a la elegancia femenina, también estuvieron presentes en la indumentaria masculina de las élites europeas. Su rareza y su elevado valor las convertían en símbolos de prestigio.

Izquierda: Enrique VIII de Inglaterra, retrato del siglo XVI. Obra de dominio público.
Derecha: Carlos I de Inglaterra, retrato del siglo XVII, luciendo un pendiente de perla. Obra de dominio público.

Entonces, ¿en qué momento comenzaron a cambiar las cosas?

Una parte importante de la respuesta se encuentra entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX, cuando la indumentaria masculina de determinados sectores de la sociedad occidental experimentó una profunda transformación.

El traje oscuro, las líneas más sobrias y una ornamentación cada vez más contenida fueron ganando terreno frente a las prendas vistosas y decoradas que habían caracterizado a muchas élites europeas.

Este proceso suele relacionarse con la llamada Gran Renuncia Masculina, un concepto desarrollado por J. C. Flügel en su obra The Psychology of Clothes, publicada en 1930. Flügel describió cómo los hombres occidentales habían ido abandonando buena parte de la ornamentación visible de su vestimenta, mientras que la moda femenina continuaba ofreciendo un espacio mucho más amplio para la decoración.

Pero este cambio no significó que los hombres dejaran de utilizar joyas: los anillos de sello, las cadenas, los alfileres de corbata, los gemelos y, posteriormente, los relojes de pulsera continuaron formando parte de la indumentaria masculina. Lo que cambió fue, sobre todo, qué tipos de adornos se consideraban apropiados.

La joyería masculina no desapareció: se transformaron sus códigos.

 

¿Sucedió lo mismo en todas partes? La joyería masculina más allá de occidente

La transformación de la joyería masculina no ocurrió de la misma manera en todo el mundo. En algunas sociedades también se extendieron estilos masculinos más sobrios y cambiaron las costumbres relacionadas con los adornos. En otras, determinadas tradiciones conservaron un lugar destacado para las joyas preciosas y elaboradas.

En la India, por ejemplo, el oro, las perlas y las piedras preciosas han formado parte de la ornamentación masculina durante siglos, no solo entre gobernantes, sino también en distintas tradiciones sociales. Todavía hoy, en determinadas bodas, los novios lucen collares, broches y adornos para el turbante que en Occidente solemos asociar con la joyería femenina.

Por tanto, aunque las costumbres han cambiado en todo el mundo, la asociación entre masculinidad y sobriedad no se ha desarrollado de manera idéntica en todas las culturas.

 

El regreso de las joyas sin etiquetas

En la actualidad, las fronteras entre lo que consideramos joyería masculina y femenina comienzan a desdibujarse.

Corea del Sur es uno de los ejemplos más visibles de esta transformación. En el mundo del K-pop y la moda, artistas masculinos lucen collares de perlas, pendientes brillantes, broches y anillos ornamentales con naturalidad. Aunque esta estética no representa a toda la sociedad coreana, ha contribuido a dar visibilidad internacional a otras formas de expresión masculina.

En Occidente también estamos presenciando un cambio. Las perlas, los diamantes y las joyas más elaboradas vuelven a aparecer en colecciones de moda masculina y en la imagen pública de artistas y celebridades, ampliando los límites de lo que tradicionalmente se consideraba apropiado para los hombres.

Izquierda: Song Kang luciendo joyas de Cartier para Marie Claire Korea (2021). Imagen: Marie Claire Korea, vía Wikimedia Commons. CC BY 3.0.
Derecha: Harry Styles durante un concierto en Wembley (2023). Fotografía: Raph_PH, vía Wikimedia Commons. CC BY 2.0.


Lo curioso es que muchas de estas tendencias, que hoy pueden parecernos innovadoras, ya formaron parte de la indumentaria masculina siglos atrás. Los hombres llevaron perlas y piedras preciosas mucho antes de que se convirtieran en una tendencia contemporánea.

Quizá no estemos descubriendo una nueva manera de llevar joyas, sino recuperando una libertad que las convenciones sociales fueron limitando con el tiempo.

Porque las joyas nunca necesitaron tener género. Fuimos nosotros quienes decidimos dárselo.

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