La inspiración Inuit detrás de nuestro collar de San Valentín
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En el hemisferio norte del planeta, habitan desde hace miles de años los inuit, una serie de pueblos indígenas distribuidos por las regiones árticas de Canadá, Groenlandia y Alaska. Para ellos, la naturaleza no es solo un paisaje, sino memoria, vínculo y cosmología. Cada elemento -el cielo, los minerales, la oscuridad- posee un significado que trasciende lo visible.
Su fortaleza, tradiciones e historias fueron el punto de partida para construir el relato de nuestra edición limitada de San Valentín: el Colgante Aurora. En concreto, una de sus leyendas, debido a su potencia simbólica y su belleza, llegó a nosotras, como si las propias musas la hubieran susurrado, y nos inspiró para darle forma a esta pieza tan especial.

La leyenda: cuando la luz estaba atrapada.
Cuenta la tradición inuit que las auroras estaban atrapadas en la tierra. Un día, en la oscuridad, un guerrero golpeó una piedra labradorita con su lanza y, al partirse, la luz se escapó y se elevó en el cielo como una gran aurora boreal.
Así, dice la leyenda, nacieron las auroras boreales: surgieron de la oscuridad para recordarnos que la luz puede quedar atrapada, pero nunca se pierde.
En Noi Clíope hemos querido llevar esta imagen un paso más allá. Para nosotras, esa luz es el amor: algo invisible pero constante, capaz de iluminar incluso cuando todo alrededor parece en sombra.
La labradorita, con su brillo interno, se convierte así en símbolo de ese amor que permanece. Un recordatorio de que, incluso en la noche más cerrada, la luz sigue ahí.
Una piedra con luz propia: la labradorita.
La labradorita no es un mineral común. Su brillo no es superficial, sino interno; parece emerger desde dentro como un destello que se oculta y reaparece. Mientras otras piedras se valoran por su transparencia o su color, la labradorita se valora por sus reflejos, cambiantes, casi vivos. Sus tonos pueden transitar del azul profundo al verde eléctrico, al dorado suave o incluso al violeta, dependiendo de la luz que la atraviesa.
No es casual que, en muchas culturas se haya asociado a conceptos como la protección, la transformación o la esperanza.
A diferencia de otras gemas que muestran su belleza de inmediato, la labradorita exige tiempo y atención. No brilla siempre, ni de la misma manera. Su luz aparece y desaparece, se insinúa, se esconde y vuelve a surgir. Precisamente por eso, muchas tradiciones la han relacionado con la intuición, la claridad interior y la capacidad de ver más allá de lo evidente.
Llevar labradorita es, simbólicamente, aceptar que no todo lo valioso se muestra a simple vista. Que hay luces que necesitan calma, cercanía y paciencia para revelarse.

La labradorita como símbolo de amor consciente.
Desde esta lectura, la labradorita conecta de forma natural con una idea de amor alejada de lo inmediato o lo superficial. No habla del deslumbramiento constante, sino de la presencia. De esa luz que no siempre se manifiesta con intensidad, pero que permanece.
Para nosotras, el amor se parece mucho a esta piedra: cambia, evoluciona y se adapta a la luz que lo rodea. A veces es evidente y vibrante; otras, más sutil y silencioso. Pero está ahí. Siempre.
Por eso, elegir labradorita para el colgante Aurora no fue una decisión estética, sino simbólica. Queríamos una piedra que representara un amor real, profundo y duradero. Un amor que acompaña incluso cuando no se nombra, que protege incluso cuando no se ve.
Un regalo con significado para San Valentín.
San Valentín suele estar rodeado de gestos rápidos, de regalos que se consumen y se olvidan con la misma facilidad. Pero hay otras formas de celebrar el amor. Formas más silenciosas, más honestas, más duraderas. Por ello, si este San Valentín estás regalando esta pieza, te aseguramos que le estás diciendo a esa persona: "me importas".
Regalar una joya no es solo regalar un objeto. Es elegir un símbolo. Es decir te veo, te conozco, sé lo que significa para ti. Y cuando esa joya encierra una historia, una intención y un significado profundo, el gesto se transforma en algo que permanece.
El colgante Aurora nace para quienes entienden el amor como un vínculo que acompaña, no como un destello pasajero. Para quienes saben que amar no es solo brillar en los momentos fáciles, sino también permanecer cuando la luz se vuelve tenue. Como la labradorita, el amor verdadero no siempre se muestra de forma evidente, pero está ahí, sosteniendo.
Este colgante es una forma de decir: incluso en la oscuridad, estoy contigo. De regalar presencia, cuidado y conexión. De recordar que el amor no necesita grandes gestos constantes, sino una luz que no se apague.
En San Valentín, regalar esta pieza es regalar una historia. Es regalar la idea de que la luz no desaparece, solo espera el ángulo adecuado para volver a mostrarse. Es celebrar un amor consciente, real y profundo, capaz de atravesar sombras y seguir iluminando el camino.
Porque hay regalos que se olvidan.
Y hay otros que se llevan cerca del corazón y se convierten en parte de quien los recibe.